Saltar al contenido

Por: Jorge de Bernardo

Mientras los habitantes de este planeta se preguntan sin repuesta científica si el COVID 19 es un virus derramado ocasionalmente en un laboratorio, intencional o proveniente de la naturaleza, la lucha por encontrar un antídoto se torna dificultosa y todos los intentos son válidos para retornar a una normalidad que ya no será igual que antes.

Lo verificable es que la propagación es universal sin respetar fronteras o los sitios más ocultos de la geografía habitada por el ser humano.

Si utilizamos el concepto de la física que cuando se aplica una fuerza en un sentido se obtiene otra fuerza en sentido contrario, quizás este ejemplo nos sirva para ubicarnos que con la naturaleza no se juega, dado que prevalece de distintas maneras con anterioridad a nuestra especie, originando variaciones y transformaciones en menor o mayor grado en esta esfera que habitamos y gira en un universo sin límites.

Ante tal interrogante sobre el origen y proyección de la especie humana, alimenta hechos que aceleran procesos naturales contribuyendo a la contaminación del medio ambiente, al deterioro ecológico tanto en la tierra como en el espacio que nos rodea acumulando chatarra factible de contaminación terrestre y de colisión con astronaves tripuladas.

Así las cosas las guerras y conflictos de diversa índole que comprenden aspectos políticos, ideológicos y de creencias religiosas se propagan llevando a grandes sectores de la población mundial a la migración y hacinamiento privando del trabajo a individuos y familias muchas de las cuales sobreviven en verdaderos campos de concentración o perdiendo sus vidas en los mares buscando un futuro mejor.

La ciencia y la tecnología de un saber hacer a legado un bienestar y un progreso que en esta pandemia nos permite estar al corriente como se desarrolla y avanza, pero también nos ofrece la imagen negativa de sociedades agobiadas por la indigencia ante la falta de planes, motivaciones o recursos de quienes las dirigen.

A esto que he dado en denominar la “tripandemia” de contenido virósico, político y económico no se sale si los estados no prestan la debida atención a la salud, la educación y la seguridad interior y planetaria en todos sus aspectos. Los organismos mundiales como las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, la Cruz Roja Internacional, la Organización Mundial para la Alimentación y la Agricultura, más numerosas ONG y acciones colectivas e individuales, han sido desbordadas por los acontecimientos y cada nación fue aplicando la metodología que mejor consideraron para el momento.

La aviación y los medios masivos de transporte que facilitaron la movilidad a escala global incentivando el comercio y el turismo pasaron a ser los medios de transporte del virus a distintas latitudes obligando a fabricantes y operadores a modificar sus productos y procedimientos de utilización para afrontar un futuro impensado.

Si bien las investigaciones prosiguen por distintas vías para determinar si el origen del virus tiene que ver con una procedencia animal, lo cierto es que el ser humano se ha convertido en una especie de serpiente con similitud a la cobra, que al sentirse acorralada expulsa su veneno hasta dos metros en forma de spray coincidiendo con el distanciamiento social que incluye a todos los humanos entre sí, conocidos, desconocidos o familias privadas de su intimidad y afectos, provocando males mayores en niños y mayores conminados a un régimen de prisión domiciliaria interminable, a la vez que la economía arrasa con sectores productivos de la población activa perdiendo empresas grandes, medianas y pequeñas generando millones de desocupados sin alternativas de reincorporarse a un trabajo formal en lo inmediato, accediendo a un asistencialismo precario de los gobiernos sean del mundo desarrollado o en vías de desarrollo, estos a su vez con escasos recursos.

A todo ello se suma la inseguridad ciudadana por incremento de la delincuencia y conflictos regionales o internacionales impredecibles para filósofos, sociólogos o libre pensadores, impedidos de vaticinar el devenir, mientras en el planeta asolado por la pandemia conviven en primera línea sanitaristas, miembros de seguridad, bomberos combatiendo incendios que desdibujan la topografía terrestre, acompañados de fenómenos naturales provocados por el cambio climático que impactan con graves consecuencias.

Por si esto fuera poco se advierte una marcada crisis en los sistemas políticos acosados por una realidad a la cual no saben dar respuesta, trasladando pesimismo e incertidumbre en los dirigidos y generando escenarios de anarquía, desgaste y agobio social. Un momento oscuro de la humanidad que nos compromete a repensar el futuro que se avecina.

LA NUEVA ANORMALIDAD

Seguramente para las generaciones presentes lo que se avecina será la nueva anormalidad y normalidad para las que estén llegando a este mundo que ha dejado de ser un escenario natural para ser un mundo artificial, si tenemos en cuenta la cantidad de energía nuclear acumulada para la autodestrucción de la especie, dependiendo solamente de quien sea el primero en pulsar tan solo un botón.

El camino a la búsqueda de soluciones duraderas pasa por establecer lazos de entendimiento superadores de los aspectos contrapuestos entre naciones y opuestos a quienes desde centros de poderes ocultos, al decir de algunos dirigentes comprometidos con la vida, buscan la reducción de la población mundial en la medida de no estar incluidos en semejante aberración. La urgencia respecto a la realidad que nos invade ha puesto a los habitantes de este planeta en pie de igualdad en cuanto al temor, las preocupaciones y sus eventuales soluciones.

Es ahora el momento de recapacitar sobre el rol de los organismos internacionales que fueron creados para consolidar la paz y la integración de las naciones sin hegemonías discordantes que prolonguen las guerras frías u otras modalidades de agresiones que comprometan la estabilidad necesaria para planificar recursos y alcanzar sustentabilidad.

Claro está que para ello deben estar involucradas todas las naciones para alcanzar un consenso que no sea privativo de unas en perjuicio de otras. Una disyuntiva y un interrogante para optar por lo ideal, lo real o lo posible por parte de quienes tienen la responsabilidad de dirigir y orientar el destino de la humanidad. El desafío que se presenta esta dado en como será la forma de relacionarnos, de alternar lo interpersonal con la virtualidad en el comercio, la producción, en la enseñanza y en la economía, atendiendo al concepto del fenómeno de cambio que en este caso comprende a todos de distinta manera, ya sean niños más predispuestos o mayores que lo rechazan o les cuesta insertarse.

Nace una nueva metodología de enseñar y aprender donde los sistemas educativos y sus integrantes tienen ante si el compromiso de actualizarse y modificar precipitadamente sus usos y costumbres para que este COVID 19 sea considerado como un alerta para reflexionar sobre un transcurrir desenfrenado de la humanidad agotando recursos sin imaginar las consecuencias para las generaciones actuales y las que vendrán. También es un llamado de atención a ciertos medios que ejercen la incomunicación y redes sociales en tiempos de la pos verdad, que al desorientar y confundir tienen ahora la alternativa de reflexionar y adecuar sus mensajes a las necesidades de la gente para una sociedad más justa y solidaria. ________________________________ #____________________________

Por adminrkp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

LIVE OFFLINE
Loading...